Como llevar una hermosa vida cristiana pt. 2

 

Aquí esta la segunda parte del escrito del pastor Miller….

 

¿Cómo podemos hacer esto? ¿Cómo podemos llevar una hermosa vida cristiana?

 

Hay que reconocer en primer lugar el hecho de que nuestra vida debe ser vivida justo en sus propias circunstancias. No podemos en la actualidad cambiar nuestro entorno. Lo que vamos a hacer de nuestra vida, debe hacerse por medio de nuestra experiencia real. Aquí hay que ganar nuestras victorias o sufrir nuestras derrotas. Podemos pensar que nuestra suerte es especialmente dura y puede ser que nos gustaría que fuera de otra manera. Podemos desear una vida de comodidad y lujo, en medio de episodios placenteros, sin espinas, sin preocupaciones o provocaciones. Entonces seriamos siempre gentiles, pacientes, tranquilos, confiados, felices. Lo delicioso que sería no tener algún cuidado, irritación, cruz, ni una sola cosa fastidiosa!

 

Mientras tanto, es un hecho que nuestra aspiración no se puede realizar, y que cualquiera que sea nuestra vida se va a dar, bella o estropeada, hay que vivirla justo donde estamos. El descontento inquieto que tengamos no puede cambiar nuestra suerte. No podemos entrar a un paraíso simplemente por el anhelo de el. Otras personas pueden tener circunstancias, posiblemente más agradable que las nuestras, pero estas son los nuestras. Podemos así resolver este punto de una vez, y aceptar la batalla de la vida en este campo si no, puede que cuando estemos deseando en vano una mejor oportunidad, la oportunidad para la victoria haya pasado.

 

Lo siguiente es que el lugar en el que nos encontramos es el lugar en el que el Señor desea que vivamos nuestra vida. No hay azar en este mundo. Dios guía a cada uno de sus hijos por el camino correcto. Él sabe dónde y bajo qué influencia cada vida particular, madurará mejor. Un árbol crece mejor en el valle, otro por el borde del agua, otro en la cima de la montaña sombría barrida por las tormentas. Siempre existe la adaptación en la naturaleza. Cada árbol o planta se encuentra en la localidad donde se dan las condiciones de su crecimiento, y ¿esta Dios más atento a árboles y plantas que a sus propios hijos? Él nos sitúa en las circunstancias y experiencias sobre las que crecerá nuestra vida y madurara lo mejor.

 

La peculiar disciplina a la que estamos sometidos cada uno, es la disciplina que necesitamos para que se desarrollen en nosotros las bellezas y las gracias del verdadero carácter espiritual. Estamos en la escuela correcta. Podemos pensar que íbamos a madurar más rápidamente en una vida, más fácil y lujosa pero Dios sabe qué es lo mejor; él no comete errores.

 

Hay una pequeña historia que dice que una primavera* crecía sola en una zona con sombra del jardín y se sintió descontenta ya que consideraba que las otras flores crecían alegres en sus lechos bajo el sol, y ella pidió que ser trasladada a un lugar más visible. Se le concedió su oración. El jardinero la trasplanto a un lugar más vistoso y soleado. Se puso muy contenta pero llegó un cambio de inmediato. Sus pétalos perdieron gran parte de su belleza y se puso pálida y enfermiza. El calor del sol hizo que se marearan y se secaran. Por eso, otra vez oró para ser llevada de vuelta a su antiguo lugar en la sombra. El jardinero experimentado sabe bien dónde plantar cada flor, y por eso Dios, el jardinero divino sabe dónde su pueblo crece mejor hacia a lo que el quiere que sean. Algunos requieren las fuertes tormentas, algunos sólo prosperan espiritualmente a la sombra de la adversidad terrenal, y algunos llegan a la madurez con mayor dulzura bajo la influencia suave y delicada de la prosperidad, cuya belleza, experiencias ásperas echarían a perder. Él sabe lo que es mejor para cada uno.

 

Continuará…

 

Nota: Primavera es el nombre de una flor, en inglés se llama primrose.

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