El secreto de la verdadera felicidad

 

La siguiente reflexión/enseñanza ha sido escrita por Harvey Newcomb (1803-1863), originalmente titulada The secret of true happiness! *La palabra resignación es definida por la RAE como “entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona”. Y es el tema central de este texto. No pierdas esto vista mientras lo lees.

 

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El secreto de la verdadera felicidad se encuentra en una aceptación, de corazón, de la voluntad de Dios. Es dulce estar calmado en sus manos – y ¡conocer solo su voluntad!

 

La doctrina de un “una providencia particular” es preciosa para el corazón del cristiano. Ella le permite ver la mano de Dios en cada situación. Esa doctrina también expone el pecado que hay en la murmuración,  el temperamento descontento,  y la falta de sumisión. Es difícil conciliar la indulgencia habitual de una disposición a tales pecados con la existencia de la gracia en el corazón. La primera emoción del alma recién nacida es la sumisión a la voluntad de Dios.

 

Somos propensos a perder de vista la ‘mano de Dios’ en las grandes dificultades y perplejidades que ocurren de todos los días, y mirar sólo a las causas secundarias. A menudo hacemos lo mismo, en asuntos más importantes. Cuando somos heridos o insultados por otros, estamos dispuestos a murmurar y quejarnos, y dar rienda suelta a nuestra indignación contra las causas inmediatas de nuestra angustia; olvidando que estos son sólo los instrumentos que Dios emplea para la prueba de nuestra fe, o la corrección de nuestros pecados.

 

En esta doctrina de la agencia secreta de la Providencia divina, tenemos los más fuertes motivos para una resignación* alegre y generosa frente a todos los problemas y dificultades, pruebas y aflicciones, que vienen a nosotros en esta vida, cualquiera que sea su causa inmediata. Sabemos que ellos son dirigidos por nuestro Padre celestial, cuyas “misericordias son sobre todas sus obras”, y que “no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres”.

 

Cualquiera que sea nuestra aflicción, siempre y cuando estemos fuera del infierno, estamos siendo monumentos de su misericordia.

 

Se nos asegura “que todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios.” Las aflicciones de esta vida, son las correcciones fieles de un amoroso y tierno Padre. “Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.” ¡Cómo consuela la reflexión  de que todos nuestros sufrimientos están diseñados para mortificar y someter nuestras corrupciones, para despegarnos del mundo, y llevarnos a un sentido más humilde y constante de dependencia de Dios! ¡Qué ingrato es de parte de un hijo de Dios quejarse de los tratos de un Padre así de tierno y fiel!

 

Dios nos dará todo lo que ve es lo mejor para nosotros. Y seguro que deberíamos estar satisfechos con esto; porque El que ve el fin desde el principio, sabe mucho mejor lo que es para nuestro bien. Es nuestro deber mantener un espíritu contento y alegre en todas las situaciones de la vida.

 

Si Dios dirige todos nuestros caminos, y ha prometido darnos justo lo que ve que necesitamos, sin duda debemos descansar satisfechos con lo que tenemos; pues sabemos que es justo lo que el Señor, en su infinita sabiduría y bondad sin límites, tiene a bien darnos.

 

 

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