Los peregrinos pt. 2: La arcilla y el libro

 

Esta es la segunda parte de la alegoría de Hannah More…

 

Escuche a todos los grupos, pero no oí ninguna palabra sobre la tierra a la que pertenecían realmente – aunque era su hogar eterno, el lugar donde esta todo su interés, expectativa, y herencia;  tierra a la que también gran parte de sus amigos ya se habían ido, y donde estaban seguros de que todo el resto seguiría.

 

En lugar de esto, toda su charla fue sobre el negocio o el placer, o la moda del país encantado por el que solamente estaban atravesando, y en el que no tenían ni una tarea de tierra que estuvieran seguros de llamar propia en el siguiente cuarto de hora. Las pocas raíces que tenían no eran permanentes, lo que tenían era una vivienda de arcilla hipotecada, no exactamente de su propiedad, sólo se les prestó por un corto arrendamiento (de los cuales cuarenta años era considerado como el período más largo, y muy pocos de hecho vivían en ella hasta el final del plazo).

 

A veces, con el fin de acelerar al peregrino en su preparación, el señor rompe la arcilla lenta y gradualmente. Otras veces la deja derrumbarse por su propia descomposición natural; ya que se construyó para durar un tiempo, y a menudo aumentan tanto los deterioros que se hace incomodo vivir ahí, incluso antes de que el contrato de arrendamiento termine. Llega a un momento en que alojarse allí casi no vale la pena; a pesar de esto el inquilino rara vez es persuadido de pensar eso y se aferra a la vivienda hasta el final.

 

En primer lugar la paja en la parte superior de la vivienda cambia de color – entonces se cae del tejado y queda al descubierto. A continuación, los molinos dejaron de ser porque eran pocos. A continuación, las ventanas se oscurecieron, por lo que el propietario apenas podía ver a través de ellas. Entonces, un puntal cayó, y luego otro. A continuación, se doblaron los montantes, y toda la estructura se estremeció (junto con otros síntomas de una casa que esta por caerse). Pero lo notable es que mientras más incómoda se hace la casa, y menos probabilidades hay de permanecer ahí- más absurdamente apegado a ella se hace el inquilino.

 

En algunas ocasiones el Señor enviaba a sus mensajeros, de los cuales habían una una gran variedad, para golpear, herir, mutilar, hacer frágil y casi demoler el edificio, incluso cuando parecía nuevo y fuerte. Esto es lo que el propietario llama dar aviso – pero muchos inquilino no toman la advertencia y se apegan, incluso con todos estos inconvenientes, y por eso al final es desalojado por no querer dejar la vivienda de una manera apropiada – aunque uno hubiera pensado que el miedo a ser rechazado habría despertado su diligencia en la preparación para una herencia mejor y más duradera.

 

Porque aunque la gente eran inquilinos únicamente a voluntad del propietario, sin embargo, por la bondad de ese mismo señor, se les aseguró que él nunca les quitaría esas moradas sin antes haber provisto para ellos una mejor. Su actual vivienda era frágil, siendo construida para servir a la ocasión temporal, sin embargo, podría aferrarse a su posesión futura por algo mas seguro- la palabra del Señor mismo. Esta palabra es un pacto, o título de propiedad, que consta de muchas hojas. Y debido a que una gran cantidad de cosas buenas se entregaron en esta escritura, se hizo un libro de las cuales cada alma puede obtener una copia.

 

De hecho, esto no siempre ha sido el caso, ya que, hace pocos años atrás, se había producido una especie de monopolio, “los sabios y entendidos,” que en realidad eran hombres astutos y engañadores, habían escondido estas cosas de “los niños y lactantes”, es decir, de los humildes e ignorantes. Muchos fraudes fueron practicados, y los pobres habían sido engañados para que no se les permitiera leer y juzgar por sí mismos.

 

Pero a todos estos trucos se les había puesto fin hace más de doscientos años. Ahora el hombre más pobre podía tener y leer una copia; para que pudiera ver por sí mismo aquello en lo que debía poner su confianza. E incluso aquellos que no sabían leer, podían escuchar su lectura una vez o dos veces por semana, por lo menos.

 

Me sorprendió ver cómo unos pocos hacían uso de estas enormes ventajas. De los que tenían una copia, muchos la hacían a un lado, y expresaban una creencia general en la verdad del título de propiedad, una satisfacción general en que iban a tener parte de la herencia, una buena opinión general del señor del que se hablaba, y una disposición general a poner su confianza en las promesas, siempre, sin embargo, con la intención de investigar más a fondo el asunto cuando aparezca el tiempo. Pero este tiempo apareció raras veces, y este abandono por parte de los suyos, el señor lo interpretó como una pérdida de la herencia.

 

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Esta historia continuará…

 

Nota: Esta historia ha sido publicada originalmente en ingles en la pagina Grace Gems bajo el titulo The Pilgrims!

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