Los peregrinos pt. 4: El final glorioso.

 

Esta es la cuarta y última parte de la alegoría de Hannah More…

 

Lamenté observar que muchos de los peregrinos pasaban sus vidas embelleciendo sus casas de arcilla, pintando, blanqueando y esmaltandolas. Todos estos trucos, sin embargo, no los preservaron de la descomposición, y cuando envejecieron lucían peor a causa de todo esos inventos. Algunos, sin embargo, fueron más sabios, y solo hicieron lo que fuera necesario para mantener sus viviendas integras y limpias, así como cualquier buen inquilino debería hacer. También note que aquellos que eran mas moderados en el cuidado de sus casas eran mas propensos a ayudar a otros en el cuidado de las suyas.

 

Estos peregrinos habían adoptado este comportamiento porque habían aprendido a mirar por encima de las ¨cosas de abajo¨, gracias a que haciendo uso constante del telescopio fortalecieron su débil y empañada visión natural lo suficiente como para discernir claramente la naturaleza de “las cosas de arriba”. El habito de fijar sus ojos en estas glorias hacían que todas las baratijas brillantes (las cosas de abajo) cobraran su tamaño real, el cual era bastante pequeño. Porque en este caso particular es cierto, que las cosas solo son grandes o pequeñas en comparación; y no había otra forma de hacer que “las cosas de abajo” aparecieran tan pequeñas como realmente son, sino es comparándolas, por medio del telescopio, con “las cosas de arriba”.

 

Observe que aquellos que mantuvieron sus ojos fijos en “las cosas de abajo”,  los que acumulaban las riquezas eran considerados sabios en su generación, mientras que los que ponían la mira en las futuras glorias eran tontos o locos. La mayoría de estos peregrinos adornaban sus viviendas, añadiendo a sus montones, y se aferraban a “las cosas de abajo” como si nunca las fueran a dejar, cerrando sus ojos en lugar de utilizar su telescopio, y descuidando el título de propiedad como si fuera de otro hombre, y no de ellos, hasta que uno tras otro, cada uno sintió su vivienda cayendo sobre ellos.

 

¡Oh, qué momento tan bullicioso, ansioso, aterrador y perturbador fue ese! ¡Grandes preparativos se debían hacer, y qué momento tan extraño para hacerlos! Ahora había confusión y consternación. La casa se estaba desbaratando.

 

Cuando llega ese momento, en primer lugar, se busca como traspasar lo que tenia acumulado ese peregrino a otro que lo fuera a usar (esto se debió hacer cuando la casa estaba en buenas condiciones). Luego hay una consulta entre dos o tres albañiles (médicos) a la vez, que después de intentar reparar la casa, se ven obligados a decir la verdad: la casa es imposible de reparar ya. El inquilino debía estar dispuesto a empacar y salir de allí.

 

Es entonces, cuando mandan a buscar a los “sabios” que profesaban explicar bien el título de propiedad, y ¡Oh,  el remordimiento por haberse descuidado en eso! ¡Como pudieron dejar esa investigación para cuando sus sentidos ya estaban confusos! ¡Qué reproches, o qué exhortaciones a otros para que no hagan lo mismo que ellos y se encarguen de sus asuntos antes de que les llegue la hora!

 

Incluso para el más sabio de los habitantes, la caída de su vivienda era algo solemne: solemne, pero no sorprendente; ya que hacia tiempo que estaban empacando y preparándose; cuando llegaba su hora, estos alababan la bondad de su Señor porque les habían permitido quedarse tanto tiempo; reconocían la misericordia de sus advertencias frecuentes, esas cosas que hicieron incomoda la vivienda, fueron una bendición, ya que los volvieron diligentes en su preparación para su futura herencia.

 

Las incomodidades provocaron en ellos un deseo intenso de examinar mas el titulo de propiedad a esa herencia y los habían puesto a usar frecuentemente el telescopio, haciendo que “las cosas de arriba” parecieran acercarse mas y mas , y “las cosas de abajo” retroceder y desaparecer en proporción. Estos no serán “desvestidos, pero revestidos con su morada celestial”; porque saben que la tienda de campaña terrenal en la que viven sera destruida, y que tienen un edificio de Dios, una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas (2 Corintios 5).

 

¨Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra.¨ Hebreos 11:13

 

“Queridos hermanos, les ruego como a extranjeros y peregrinos, que se abstengan de las pasiones carnales, que guerrean contra el alma”. 1 Pedro 2:11

 

El fin.

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